viernes, 11 de julio de 2014

El último enemigo


Los enemigos no faltan: la miseria, la soledad, el desempleo, la infelicidad amorosa, los vicios, las deudas, los problemas familiares, etc. Son innumerables, pero todos pueden ser vencidos.

Sin embargo, de todos los enemigos, el mayor es la muerte. Algunas personas tienen conciencia de eso, pero otras aun no saben que la muerte es un enemigo. La muerte le llega a sanos y enfermos, jóvenes y viejos, ricos y pobres. Puede llegar en cualquier momento y lugar, sea en la calle, en casa, en el trabajo, en el hospital, en el avión, en la iglesia… No avisa antes de llegar. Para la muerte, el lugar no tiene importancia.

Cuenta una historia que la muerte le dijo a un hombre que aquella semana vendría por él. Desesperado porque no quería morir, intentó engañarla. Fue a un baile de disfraces y resolvió vestirse de payaso. Cuando la muerte llegó al baile, buscó al hombre y no lo encontró. Entonces dijo: “Ya que no encontré a quien vine a buscar, me llevaré a este payaso”.

El gran problema es que las personas se han preocupado en vencer a otros enemigos y han ignorado al mayor de todos que es la muerte. Cuando llega el momento de enfrentarla, la prioridad por haber vencido a los otros enemigos hace que las personas sean vencidas por ella. El texto sagrado dice: “El último enemigo a ser destruido es la muerte”. 1 Corintios 15:26 Quiere decir que después de la muerte no hay más nada que vencer. Ella debe ser vencida ahora, y el sacrificio para que permanezca vencida debe ser diario.

La frase: “Una vez salvo, salvo para siempre” es un engaño del diablo.

Por eso el Señor Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. Lucas 9:23
Pero, si ella llega ahora, en este momento, ¿quién será el vencedor? ¿Ella o usted?

Para los vencidos por la muerte todavía existe el daño de la segunda muerte, que es el lago de fuego: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte”. Apocalipsis 2:11

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