martes, 22 de octubre de 2013

Vergüenza en la cara




Peor que los extremos de la miseria es haber probado los manjares de la vida y, después, vivir de sus migajas.

Así debe ser con los que un día participaron de la alegría de la salvación, pero, debido a los cuidados del mundo, perdieron de vista los valores espirituales.

 “¡Ah, obispo! Quiero volver, pero no tengo fuerzas. Ore por mí.” Como si orara fuese a resolver su problema.

No, no lo va hacer. ¿Qué tipo de oración va a imponer actitud? ¿Qué tipo de oración va a obligar al caído levantarse? Jesús dio la orden al paralítico: Levántate, toma tu cama, y vete… Mateo 9:6

El no oró. Apenas, mandó levantar, tomar el lecho e ir para casa. Levantar, tomar e ir son actitudes individuales. Exige acción personal.

Pero, la mayoría de los creyentes caídos y físicamente perfectos quieren más. Quieren ser cargados con sus respectivas cruces. Son indolentes y acomodados en la fe. Quieren alcanzar los cielos sin despegarse del mundo.

Viven pidiendo oración como si está hiciese magia y los colocase de nuevo en los caminos de la fe.
¿Y por qué no oran por sí mismos, toman vergüenza en la cara y vuelven con sus propias piernas?

Porque, en el fondito del corazón, han despreciado el sacrificio del Hijo de Dios.

¡Oh Señor, esperanza de Israel! todos los que te dejan serán avergonzados; y los que se apartan de mí serán escritos en el polvo, porque dejaron al Señor, manantial de aguas vivas. Jeremías 17:13

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