lunes, 7 de octubre de 2013

15º Día del Ayuno de Daniel

¿Qué daría a cambio de su alma?
Así como los sacrificios materiales promueven bendiciones materiales, también los sacrificios espirituales producen bendiciones espirituales.

Dios ha invitado a los que creen a probarlo en los diezmos y ofrendas. En compensación Él prometió abrir las ventanas de los cielos y derramar bendiciones sin medida, además de reprender al devorador. Malaquías 3:10
De la misma forma, Jesús prometió vida eterna a aquellos que se negasen a sí mismos, tomasen la cruz y Lo siguiesen día tras día. Mateo 16:24

En ambos casos, hay necesidad de sacrificio. Sin embargo, el apóstol Pablo va más allá de eso, cuando, dirigido por el Espíritu suplica:
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” Romanos 12:1

Quiere decir: no hay culto racional si no hay sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.

Por otro lado, en el culto emocional, a pesar del relleno de mucha música hablando de amor, las personas quedan embriagadas de una sensación de placer.

Unos confiesan sentir la presencia de Dios, otros hablan en lenguas y hasta profetizan. Eso sin mencionar a los que giran, caen al suelo y andan en cuatro patas. Eso sería insignificante si el testimonio de sus vidas fuese una maravilla. ¡Pero no lo es! Por el contrario, es un fracaso total: hogares divididos, adulterios, pedofilias, prostituciones, rencores entre sí, divisiones, en fin, un verdadero reino de tinieblas.

¿Por qué?

Porque en ellos no está el culto racional, inteligente o consciente. ¿Cómo puede el Creador agradarse del culto emocional si Él es Razón, Inteligencia y Sabiduría?

El culto emocional es como una fiesta de carnaval. Sus participantes visten fantasías con derecho a máscaras. Eso es para camuflar la hipocresía y las obras de la carne.

¿Y quién rige esa farsa espiritual?

En verdad, en ausencia del culto racional, aparece el culto carnal o emocional
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.” Gálatas 5:19-21

Es interesante que Pablo pida, suplique, ruegue a los seguidores del Señor Jesús para que presenten culto racional, el cual exige el cuerpo por sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. O sea que la alabanza, la adoración y la contemplación al Señor sean absolutamente conscientes.

Tal culto no está limitado a la iglesia. Si la persona es Templo del Espíritu Santo, donde ella esté habrá alabanza, adoración y contemplación.

En la iglesia supuestamente todos están en la misma fe y en el mismo Espíritu. Allí el culto racional es colectivo. Hay himnos apropiados, cánticos de alabanza y expresiones individuales que exaltan al Señor y Salvador.

Mientras unos alaban, otros adoran, y otros contemplan la faz del Altísimo. Todo en la más perfecta disciplina y orden.

Y, a causa de esa libertad, el Espíritu Santo instruye, inspira y dirige la alabanza, adoración y contemplación de Su Hijo de forma liberal, espontánea y saludable.

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