domingo, 6 de octubre de 2013

14º Día del Ayuno de Daniel

El Reino de los Cielos es para quien sacrifica
Tal vez el lector se pregunte el porqué de la insistencia en el asunto del sacrificio. Sería más cómodo no hablar del sacrificio. No nos expondríamos a las críticas, el mensaje sería más liviano, gustaría tanto a griegos como a troyanos, y nadie saldría herido.

Sin embargo, como no trabajamos según las reglas de este mundo, como no somos comerciantes de la Palabra, como no vivimos de la venta de libros, como no vamos tras un cargo político y mucho menos estamos preocupados en recolectar miembros religiosos, optamos por obedecer la inspiración del Espíritu de Dios y anunciar la verdad que libera.

Quien cree, va. Quien no cree, queda con las vírgenes necias.

El hecho es: cuando el pecado no mata de una vez, se burla del pecador hasta la muerte.

Mucha gente, creyente o no, ha gemido y no sabe más qué hacer para liberarse de eso.

El espíritu del pecado ha poseído a la humanidad conduciéndola al caos.

A pesar de que muchos conocen el Evangelio, aun así, sólo unos pocos han tenido coraje para colocarlo en práctica y habitar al abrigo de Dios.

Pero la mayoría prefiere adherir a los mensajes de salvación fácil y así evitar el sacrifico de la carne.
Mientras tanto, espíritus engañadores y anticristianos han operado libremente, haciendo que hasta el pueblo que ha creído en Dios, sufra de forma implacable.

Estos últimos días, no han sido muy diferentes a los de Juan bautista. En aquellos tiempos, él no solamente predicaba arrepentimiento, sino que también conducía a los judíos sinceros a confesar y abandonar sus pecados. Mateo 3:1-10

Ahora, en este momento, ¿no será esa la voluntad de Dios para su vida?

¿De qué sirve que usted busque ayuda de Dios en la iglesia y allá afuera continúe con una vida de adulterio, prostitución, robo, mentira, etc., etc.?

¿A quién piensa usted que engaña?

¿Qué piensa usted que va a ganar?

¿Hasta cuándo va a sustentar ese espíritu de pecado en usted?

El pecado es un espíritu. Quien le dice que si a él, le dice si a su espíritu.

¿Cómo salir de esta prisión?

Sacrificando su carne hasta el punto de hacerla morir de hambre.
¡Claro!

Si usted sacrifica la carne, ¿dónde va habitar el espíritu del pecado?

Si usted quiere una respuesta urgente de Dios, entonces sacrifique urgentemente por Él. Sin embargo, si no abandona la vida de prostitución, adulterio, mentiras, robos, corrupción y todo lo demás que agrada al diablo, ¿cómo podrá el Espíritu de Dios actuar en su vida?

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