viernes, 4 de octubre de 2013

12º Día del Ayuno de Daniel

Mensaje para los valientes
¡Dudo que Dios exija de Sus hijos más fe de la que Él ya dio!

Quien quiera conocer el límite de su fe mida el grado de sacrificio ejercido por ella.

Por eso Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo (sacrificio), y tome su cruz (sacrificio), y sígame (sacrificio).” Mateo 16:24
 
Es lo mismo en relación al amor.

Quien quiera conocer la intensidad del amor por la persona amada basta verificar el sacrificio que se hace por ella.

El tamaño de la fe se mide por el sacrificio ejercido.

 Quien no cree, no sacrifica;

Quien cree más o menos, sacrifica más o menos;

Quien cree el 100%, sacrifica el 100%.


¿Y no fue esta la respuesta de Jesús a los hipócritas?

“Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.
Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.”
Marcos 12:29-30

Quiere decir:
Quien cree de todo corazón, con toda su alma, con toda su mente y de toda la fuerza, sacrifica con todo su corazón, con toda su alma, con toda su mente y con toda su fuerza.

¿Captó el espíritu?

En otras palabras:
Sacrifica el corazón;
Sacrifica el alma;
Sacrifica la mente y
Sacrifica la fuerza.

Eso es un hecho. No hay más, ni menos. Esa es la dura, cruda y pura realidad.

Quien quiera recibir el todo de Dios (el Espíritu de Dios) TIENE QUE SACRIFICAR completamente corazón, mente y fuerza.

El todo de Dios por nuestro todo.

¡TODO POR TODO!


¿Quién está dispuesto a eso?

Y hay más: quien cree no se justifica, sacrifica.
Quien no cree busca justificar su incredulidad, presentando razones y culpando a otros.
“Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
 
Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre. Él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.
Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, (sacrificio) y tendrás tesoro en el cielo; y ven, Sígueme (sacrificio).
Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, (el sacrificio entristece) porque era muy rico.”
Lucas 18:18-23

El sacrificio entristece a quien sacrifica, pero revela su calidad de fe en Aquel que recibe el sacrificio.
“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene (sacrifica) y compra aquel campo.” Mateo 13:44

Como puede verse, la fe pura es cuestión de obediencia a la Palabra de Dios.

La fe exige obediencia. Y la obediencia se materializa a través del sacrificio.

Nadie es capaz de obedecer sin sacrificar.

Abraham, fue el mayor ejemplo de obediencia. Hebreos 11:8,17
“¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?
¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?
¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, (actuó su fe y sacrificó) y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.
Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.”
Santiago 2:20-24

En resumen: fe sin obras de sacrificio no justifica (no perdona) a nadie delante de Dios.

Esa ha sido la razón por la que la mayoría de los creyentes han sido fracasados, tanto espiritual como físicamente. Aprendieron a aceptar a Jesús como Salvador y no como Señor. Porque si Jesús fuera su señor, ciertamente sacrificarían sus vidas para servirlo de todo corazón, alma, mente y fuerzas.

¡Por lo tanto, escucha Israel de los últimos días, Jesucristo solamente es Señor y Salvador de los que REALMENTE LO sirven!

Mi Señor, ten compasión de los sinceros que han sido engañados y dales una nueva oportunidad.
¡Te lo suplico en Nombre del Señor Jesucristo!

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