miércoles, 25 de septiembre de 2013

3º Día del Ayuno de Daniel

El carácter de Dios
"Casi todos son capaces de soportar adversidades, pero si quiere poner a prueba el carácter de alguien, dele poder." Abraham Lincoln

El carácter de alguien habla sobre su moral, forma de ser y actuar.

Solamente los nacidos del Espíritu Santo están habilitados para manifestar el carácter de Dios. Eso es porque Sus hijos se convierten en espíritu. Juan 3:6.

La naturaleza emotiva o carnal es transformada en naturaleza racional o espiritual.

Por esta razón, muchos no entienden el motivo por el cual, a pesar de ser fieles en la iglesia o incluso religiosos, no logran tener un comportamiento compatible a la fe cristiana.

En la iglesia son una cosa; lejos de ella son otras criaturas.

En la iglesia son santas, educadas y, aparentemente, espirituales.

En casa, el trabajo o entre amigos son carnales, groseras y, visiblemente, perturbadas.

Eso sucede porque no nacieron del Espíritu Santo. No tienen la naturaleza de Dios. Están convencidas, pero no convertidas. El carácter de cada uno habla por sí solo.

La naturaleza humana es emotiva y comenzó con Adán y Eva. Dios los creó almas vivientes.

La naturaleza Divina es espiritual y tuvo origen en Jesús. Él no fue creado por Dios, sino generado por el Espíritu de Dios, por lo tanto, espíritu vivificante. 1 Corintios 15:45

El mismo proceso realizado por el Espíritu de Dios para el nacimiento de Jesús tiene que suceder con cada discípulo de Jesús. De lo contrario, continuarán con la vieja naturaleza adánica. Y lo que es peor: no serán considerados como hijos de Dios. Juan 1:13

De allí la gran función del Espíritu Santo:

Para unos, viene a hacerlos nacer de nuevo.

Para los que ya nacieron de nuevo, Él viene a marcar con el Sello de Dios.

Ese es el bautismo realizado por el Señor Jesús.

Los primeros apóstoles nacieron de nuevo cuando Jesús sopló sobre ellos el Espíritu Santo. Juan 20:22

Pero sólo en el día de Pentecostés ellos fueron bautizados con el Espíritu Santo. Hechos 2:1

Como puede verse, la grandeza de la venida del Espíritu Santo no es para hablar en lenguas. Sino para manifestar el mismo carácter de Su primer Hijo: Jesús.

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