lunes, 23 de septiembre de 2013

1º Día del Ayuno de Daniel

Y los cielos se abren…
“Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre Él.” Mateo 3:16

No es para el curioso o el aventurero, ni para el hipócrita, el religioso o el carnal.

El Espíritu de Dios es para los vacíos, carentes y, sobre todo, sedientos de la dirección Divina. Para los caminantes que buscan algo superior a todo lo que este mundo les ha ofrecido.

Todo bien. Jesús vino para una misión especial. Asimismo, tuvo que pagar el precio. Sacrificó. Renunció a familia, juventud, amor y amistades para realizarla. Y si Él necesitó de la dirección del Espíritu Santo para cumplirla, ¡imagine aquellos que desean hacer Su voluntad y realizar Su obra!
Pero lo mejor de todo es que, aun antes de recibir el Espíritu Santo, Su mente y Su corazón ya eran inspirados por Él.

Lo mismo sucede con todos los imbuidos en la fe de este Ayuno de Daniel.
¿Usted piensa que su gran deseo de recibir el Espíritu Santo vino de la nada? ¡No! ¡Mil veces no! Nació dentro de usted por obra del propio Espíritu de Dios.
“… porque Dios es Quién efectúa en vosotros tanto el querer como el realizar, según Su buena voluntad.”
Filipenses 2:13
Debido a eso, así como los cielos se abrieron sobre Jesús, ellos mismos también se abren sobre usted para recibir el Mismo Espíritu de Dios.
A fin de cuentas, Él es una promesa del Señor Jesús para Sus seguidores.
Probablemente usted no vea una paloma descendiendo sobre su cabeza, ni sienta ninguna cosa, o hasta ni siquiera hable en lenguas extrañas. No importa. Nada de eso es relevante.
Lo importante es: si hay renuncia total del mundo (ayuno mental), y sinceridad en la búsqueda, entonces hay fe. Y si hay fe, los cielos ya están abiertos sobre su cabeza.
Además:
“Porque los ojos del SEÑOR contemplan toda la tierra, para mostrar Su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con Él” 2 Crónicas 16:9
Observación: En este momento, busque un lugar aislado. En seguida, haga esta oración:
Mi Dios y mi Padre, en el Nombre del Señor Jesucristo, yo entro en Tu presencia para buscar y recibir la promesa que dice que en los últimos días Tú derramarías Tu Espíritu sobre toda carne. Juan Bautista enseñó que el Señor Jesús es Quien bautiza con el Espíritu Santo. Entonces yo te suplico, mi Señor, mi Salvador y mi Dios, ¡bautízame AHORA CON TU ESPÍRITU!
Amén.

1 comentario:

  1. Amen Pr..! Con certeza ,aquel que se entregue a Dios 100% osea sin reservas ,vera la promesa cumplirse en su vida Dios lo Bendiga
    Obrera Luciana - Salta

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