lunes, 26 de diciembre de 2011

Jesús ignora las reglas del alma

Hay quien busca el reconocimiento de las personas para frotar el ego del alma;
Hay quien vive del glamour del mundo para satisfacer su alma;
Hay quien sacrifica toda su vida en la búsqueda de la realización personal;
Hay quien hasta muere por la gloria ofrecida por el mundo.



Pero toda la gloria disponible de este mundo se viene abajo y acaba cuando la persona muere.
Sin embargo, la gloria que viene del Alto y Santo Lugar es eterna.
Viene directo de la Fuente de la Gloria y jamás acaba.
Jesús fue glorificado por el Padre en Su bautismo en las aguas y con el Espíritu Santo. En aquel día se oyó una voz de los cielos que decía:
“Este es Mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” Mateo 3:17
La venida del Espíritu Santo confirma esa voz en la intimidad de los sellados con el Espíritu.
Nada que ver con sentimientos o emociones, sino con certeza.
En otra ocasión, con el alma angustiada, Jesús no oró pidiendo ayuda y mucho menos ser librado de aquellos momentos.
En lugar de eso, enfrentó el sentimiento (angustia) del alma con la razón, con una lección: “¿Y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas precisamente para esto He llegado a esta hora.” Juan 12:27-28
En seguida, ignoró las reglas del alma pidiendo:
“Padre, glorifica Tu Nombre”
En otras palabras: Padre, Yo sacrifico los caprichos de Mi alma para que se haga Tu voluntad.
Inmediatamente, “vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y Lo glorificaré otra vez.” João 12:28
La multitud allí presente, habiendo oído la voz, “decía que había sido un trueno. Otros decían: Un ángel Le ha hablado.”
Sin embargo, lo más importante es que el Dios-Padre glorificó al Dios-Hijo delante de muchos testigos.
La presencia del Espíritu Santo hace posible sacrificar las ansiedades del alma para realizar la voluntad de Dios. Y cuando eso es hecho, entonces la gloria del Padre Eterno se hace presente en los hijos por toda la oportunidad.
¡Piense en esto!
Dios lo bendiga más.

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